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“Deseo que haya tal Congregación“ (Diario, 437).

“Confío a tu cuidado dos perlas preciosas de Mi Corazón,
que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos;
por ellas rogarás de manera especial, la fuerza de ellas surgirá
de vuestro anonadamiento” (Diario, 531).

 

CONGREGACIÓN
DELAS HERMANAS DE JESÚS MISERICORDIOSO

(FAUSTINAS)


(VILNA, Lituania) 29 de junio de 1935.
“Cuando hablaba con el director de mi alma [padre M. Sopoćko] sobre diferentes cuestiones que el Señor exigía de mí, pensaba que me contestaría que era incapaz de cumplir esas cosas, y que el Señor Jesús no se servía de las almas tan miserables como yo, para las obras que deseaba realizar. No obstante oí las palabras de que en la mayoría de los casos Dios escogía justamente a tales almas para realizar sus proyectos. Pero este sacerdote era guiado por el Espíritu de Dios: penetró el secreto de mi alma y los más escondidos secretos que había entre mí y Dios, y de los cuales no le había hablado nunca antes; no se los había contado porque yo misma no los entendía bien y el Señor no me había dado una orden clara para que lo dijera.
El secreto era este que Dios exige que hubiera una Congregación que proclame la Divina Misericordia y la implorase para el mundo. Cuando aquel sacerdote me preguntó si no había tenido tales inspiraciones, contesté que no había tenido órdenes precisas, pero en aquel instante una luz penetró en mi alma y comprendí que el Señor hablaba por medio de él; me defendía inútilmente diciendo que no tenía una orden precisa, ya que al final de la conversación vi al Señor Jesús en el umbral, con el mismo aspecto como está pintado en la imagen, que me dijo: Deseo que haya tal Congregación.
(...) Al día siguiente, una vez comenzada la Santa Misa, vi al Señor Jesús de una belleza inexpresable. Me dijo que exige que esa Congregación sea fundada lo antes posible, y tú vivirás en ella con tus compañeras. Mi Espíritu será la regla de su vida. Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer esta a todo el mundo. A través de la oración, intermediarás entre la tierra y el cielo. Era el tiempo de acercarse a la Santa Comunión, Jesús desapareció y vi un gran resplandor. Luego oí estas palabras: Te impartimos nuestra bendición...” (Diario, 436-439).



”...vi una pequeña capilla y dentro de ella seis hermanas que estaban recibiendo la Santa Comunión, administrada por nuestro confesor vestido con un sobrepelliz y una estola. En aquella capilla no había ni adornos ni reclinatorios; después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús como el la imagen. Jesús estaba caminando y yo llamé: Señor, ¿cómo puedes pasar y no decirme nada? Yo no haré nada sin Ti, tienes que quedarte conmigo y bendecirme a mí y a esta Comunidad y a mi patria. Jesús hizo la señal de la cruz y dijo: No tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo” (Diario, 613).



”Oh, Jesús mío, cuánto me alegro de que me hayas asegurado que esta Congregación surgirá. (...) y veo la gran gloria que dará a Dios; será un reflejo del mayor atributo que tiene Dios, es decir, de la Divina Misericordia. Impetrarán incesantemente la Divina Misericordia para sí y para el mundo entero, y cada acto de misericordia brotará del amor de Dios del que estarán colmadas. Este gran atributo de Dios tratarán de asimilarlo y vivir de él, y procurarán que los demás lo conozcan y tengan confianza en la bondad de Dios” (Diario, 664).

”Confío a tu cuidado dos perlas preciosas de Mi Corazón, que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos; por ellas rogarás de manera especial, la fuerza de ellas vendrá de vuestro anonadamiento. Las plegarias, los ayunos, las mortificaciones, las fatigas y todos los sufrimientos, los unirás a la oración, al ayuno, a la mortificación, a la fatiga, al sufrimiento Mío y, entonces, tendrán valor ante Mi Padre. (...) Penetra en el espíritu de Mi pobreza y organiza todo de tal modo que los más pobres no tengan nada que envidiarte. No en los palacios grandes ni en las instalaciones espléndidas, sino en el corazón puro y humilde Me complazco” (Diario, 531-2).

”Hoy, el Señor me ha dado a conocer en espíritu el convento de la Divina Misericordia; he visto en él un profundo espíritu, pero todo pobre y muy modesto. Oh Jesús mío, me haces tratar espiritualmente con aquellas almas y quizás nunca ponga allí mi pie, pero sea bendito Tu nombre y se haga lo que Tú has establecido” (Diario, 892).



Durante las últimas semanas antes de que sor Faustina falleciera, el padre Miguel Sopoćko se encontró con ella en Cracovia en dos ocasiones. Durante esos encuentros recibió las últimas indicaciones, es decir, el testamento de su penitente, que él cumplió fielmente después de su muerte.

”La visité durante la semana y, entre otras cosas, hablé con ella de la Congregación que ella quería fundar..., y ahora se estaba muriendo, subrayando que probablemente todo había sido una ilusión, al igual que tal vez las demás cosas que ella contaba también lo fueron. Sor Faustina prometió hablar de esto con el Señor Jesús durante la oración.
Al día siguiente celebré la misa en la intención de Sor Faustina. Durante la misa, me vino un pensamiento: se me ocurrió que, igual que ella no se vio capaz de pintar la imagen de Jesús, y sólo se limitó a dar las indicaciones necesarias, tampoco habría sabido fundar una congregación nueva, y sólo daba unas indicaciones generales. La urgencia significaba la necesidad de fundar esa congregación en los tiempos de horror que se aproximaban. Más tarde, cuando fui al hospital y le pregunté si tenía algo que decirme acerca del asunto, me dijo que no necesitaba decir nada, porque el Señor ya me había iluminado durante la Santa Misa.

Al marcharme, mientras nos despedíamos, me dijo tres cosas impor­tantes:

I. No puedo dejar de difundir el culto a la Divina Misericordia; particularmente debo empeñarme en que se instituya la fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua. Nunca puedo decir que ya he hecho lo suficiente. Aunque se amontonen las mayores dificultades, aunque parezca que el Mismo Dios no lo quiera, no debo rendirme, pues la Divina Misericordia es inagotable y nuestra vida no bastará para alabarla. El mundo ya no durará mucho y ahora, antes de que llegue el final de los tiempos, Dios quiere todavía conceder gracias a la gente para que nadie pueda excusarse en el juicio final de que no conocía la bondad de Dios y no había oído hablar de Su Misericordia.
II. Debo permanecer más bien indiferente al asunto de la congregación, la cual va a empezar más bien con cosas insignificantes y pequeñas, y cuando esto ocurra, la iniciativa saldrá de otras personas (...). Me dijo que Dios mismo traería a una persona del mundo; dijo también que yo tendría unas señales claras que me permitirán reconocer que se trata de la persona elegida.
III. Tener intenciones puras en todo este asunto y en las actividades que haga. No buscarme a mí mismo sino buscar únicamente la gloria de Dios y la salvación de las almas. (…) Si se llega a fundar la congregación, yo debo más bien dejar que la dirijan los demás, evitando ponerme yo al frente y querer dirigirla por mi cuenta; debería estar preparado para las mayores dificultades, incluso verme abandonado, sufriendo decepciones, ingratitud y persecución.
(…) Cuando al cabo de un rato volví a la celda para darle todavía unas imágenes o estampas, la encontré en éxtasis, en medio de su oración: parecía una figura sobrenatural. Sentí un dolor resquebrajante en mi alma, y una amargura, porque debía ya despedirme de esta alma tan extraordinaria. Me sentí abandonado por todo el mundo, pero entendí que era yo quien, ante todo, tenía que confiar en la Divina Misericordia” (”Diario” del padre M. Sopoćko).

El padre Sopoćko obedeció las palabras que recibió de sor Faustina en su lecho de muerte. Con paciencia esperaba una señal de la Voluntad de Dios.



En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. Empezaba un tiempo horrible en el que el padre Sopoćko hacía todo lo posible para predicar a la gente sobre la Divina Misericordia. En su casa se reunían los miembros de la Asociación de la Inteligencia Católica y de la Sociedad Mariana de Académicas. En aquellos encuentros destacaba una licenciada en filología clásica de la Universidad Stefan Batory de Vilna, Jadwiga Osinska. Un día Osinska le confesó al p. Sopoćko que pensaba dedicarse exclusivamente al servicio de Dios, pero no podía encontrar una congregación adecuada para ella. Pidió oración y ayuda, añadiendo que tenía unas amigas que tenían la misma idea.
El padre Sopoćko le propuso a que fuera de vacaciones a pasar unos días con las hermanas sin hábitos de la orden de las Religiosas Angélicas en Pryciunie para que pudiera conocer más de cerca la regla de la vida religiosa. Después de las vacaciones, Jadwiga Osinska declaró que había decidido “dedicarse al servicio del Misericordiosísimo Salvador y fundar una nueva congregación o algo parecido para adorar a Dios en su infinita misericordia”, y que deseaba, de momento, profesar unos votos privados. En memoria de Sor Faustina y movida por la fascinación que tenía por ella, al profesar sus votos el 15 de octubre de 1941 (tres años después de la muerte de sor Faustina), recibió un nuevo nombre de religiosa: Faustina – y se convirtió así en la primera Faustiniana.

En noviembre de 1941, del grupo dirigido por el p. Sopoćko, surgió otra candidata – Izabela Naborowska (sor Benigna). Luego, el 26 de enero de 1942, se unieron a ellas más candidatas: Ludmila Roszko, Zofia Komorowska, Adela Alibekow y Jadwiga Malkiewiczowna. Así se formó “el primer grupo de seis”. El padre Sopoćko les dio nombres religiosos a todas. Escribió para ellas una regla general y estableció una conferencia semanal sobre la vida interior. Los encuentros de formación de las seis candidatas para la congregación que se iba gestando tenían lugar en el apartamento del padre Sopoćko. Las hermanas pensaban empezar la vida comunitaria después de la guerra.

Durante la ocupación alemana, los alemanes organizaron una acción a gran escala contra el clero. El 3 de marzo de 1942 detuvieron a profesores y seminaristas del seminario diocesano, y a casi todos los curas que trabajaban en Vilna. También en el piso del padre Sopoćko organizaron una emboscada. El padre fue advertido a tiempo de la emboscada, y vestido de paisano para pasar desapercibido, huyó de Vilna para llegar al convento de las ursulinas en Czarny Bór, a cuatro kilómetros de Vilna, donde pasó dos años y medio, trabajando de carpintero. Permaneció en contacto con las seis hermanas, manteniendo con ellas una viva correspondencia por carta. De vez en cuando, y manteniendo mucha prudencia, alguna de ellas lo visitaba; la que lo visitaba más a menudo era Faustina Osinska.

Las hermanas que había tomado la decisión de consagrar su vida al servició de Dios, se solían encontrar en Vilna, para escuchar la conferencia semanal acordada por el mismo p. Sopoćko, conferencias que impartía el padre prelado Zebrowski, a quien el padre Sopoćko le había pedido asistencia espiritual para las hermanas.
En la víspera de la Fiesta de la Misericordia el 11 de abril de 1942, las seis candidatas hicieron votos temporales y, aunque seguían viviendo con sus familias, desde entonces su vida adquirió ya el carácter de vida consagrada. Para el p. Sopoćko aquello fue la señal que él esperaba de la a Dios Providencia.

Un fragmento de la carta del padre Sopoćko, escrita en Czarny Bor:

”Os felicito, queridas Hermanas, por esta gracia de la Divina Misericordia tan particular, que se ha revelado en Vuestra vocación, Elegidas del Corazón de Jesús, pilares de la futura congregación, confidentes de los misterios Divinos, almas deseadas en mi oración, por las que cada día, desde hace 5 años, he rezado en cada Santa Misa”.



Cuando el padre Sopoćko volvió a Vilna (el 19 de agosto de 1944) las hermanas le expresaron su intención de renovar los votos. El 9 de noviembre de 1944 el padre Sopoćko empezó con “las primeras seis hermanas” el retiro espiritual que debía ser la preparación directa para la ceremonia de la renovación de los votos, prevista para el 16 de noviembre.

Padre Miguel Sopoćko “Memorias”:

“Después del retiro, el día señalado, de madrugada y a oscuras, pues todavía ocurría durante el toque de queda, llegaron de diferentes partes de la cuidad a los suburbios Zarzecze, a la capilla de las carmelitas, las 6 señoritas. Allí, en un ambiente de catacumbas, tras oír la Santa Misa, a las cinco de la mañana, profesaron unos sencillos votos privados para vivir el servicio fiel al Salvador Misericordiosísimo y a la Madre de la Misericordia. No hay palabras para expresar el ambiente de felicidad que se notaba entre esas desposadas de Cristo durante la modesta comida preparada por las hermanas carmelitas en la porter ía conventual. ¡Qué felices estaban, a pesar de las muchas carencias!; ¡qué ricas eran, a pesar de la miseria que se dejaba ver en todas partes!; ¡qué valientes y llenas de confianza, a pesar de tantos peligros que acechaban a cada paso!”.


En este Convento, las seis hermanas de la nueva congregación profesaron los votos temporales.
Vilna - Karmel (Lituania), calle Poplawska 29.


Después de la guerra, en 1945, cuando Lituania fue incorporada a la Unión Soviética, tuvieron lugar desplazamientos masivos de los polacos de Vilna y sus alrededores a Polonia. Al arzobispo Jalbrzykowski junto con toda la curia y el seminario diocesano con los sacerdotes, los obligaron a abandonar Vilna. En aquel tiempo también tres de las hermanas fueron a Polonia. Debido a su partida, el 16 de noviembre de 1945, sólo el resto de las hermanas renovaron los votos religiosos en Vilna. Las hermanas anhelaban la vida en el convento, deseaban encontrar siquiera un modestísimo lugar donde pudieran adorar, viviendo en comunidad, a Dios misericordioso. En Vilna, en aquella época, eso no era posible; por eso, las que se habían quedado, también decidieron marcharse a Polonia, así que el 24 de agosto de 1946 visitaron al p. Sopoćko por última vez, para recibir su bendición y sus indicaciones para la nueva vida que emprendían.

”Diario” de la sor Benigna:

“Nuestro transporte se alejó de Vilna silenciosamente. Habiéndose ce­rrado un capítulo de nuestra vida, nos marchamos para empezar una vida nueva, para cumplir la voluntad de Aquel que nos había elegido... ”.

Después de su llegada a Polonia, el 16 de noviembre de 1946 las seis her­manas se reunieron en Poznań para renovar los votos. Un jesuita, el padre Siwek, dijo la Santa Misa. Fue entonces cuando las hermanas decidieron cómo iban a realizar la idea de la Divina Misericordia en sus vidas. Unas decidieron fundar una congregación, otras, un instituto secular; otras, por otro lado, sintiéndose responsables de sus familias, decidieron llevar una vida secular, pero manteniendo la conexión espiritual. Así empezaron a realizar los ”tres matices” de la vocación, de los que había hablado Sor Faustina.

Sor Faustina Osinska y sor Benigna Naborowska, para iniciar la vida en una comunidad religiosa tuvieron que pedir permiso a uno de los obispos para abrir una casa conventual en su diócesis. Les ayudó un jesuita, el padre Wladyslaw Wantuchowski, quien se convirtió en su protector espiritual después de su llegada a Polonia. Wantuchowski se dirigió al administrador apostólico en Gorzów Wielkopolski (Polonia) para pedir permiso y poder establecer a las hermanas en la diócesis y asignarles unas tareas en una parroquia. El padre administrador se mostró favorable a la petición y les ofreció, entre otras, la posibilidad de establecerse en la parroquia en Myślibórz.



Fragmentos del “Diario” de sor Faustina Osinska con la descripción de la primera visita de las hermanas en Myślibórz:

“Qué ubicación tan preciosa tiene Myślibórz (...). A la izquierda se arrellana un lago enorme, que resplandece con una a superficie como si fuera metálica, en la niebla del amanecer. (...) Qué alegría al ver la portezuela de la pequeña iglesia todavía cerrada, y la casa de dos pisos con un porche, con el letrero “Caritas”. Lo miramos: era el sitio soñado para un convento, y suspiramos en silencio que estaría muy bien si pudiésemos vivir aquí, (...) mucho verde, jardines, un rincón en la tierra silencioso y recogido, con una casa conventual. Dimos gracias a Dios por habernos mandado este lugar de silencio y paz...”



“Diario” de la sor Benigna:

“El 25 de agosto de 1947 a las 8:00 de la mañana ya estábamos en Myslibórz. Jesucristo eligió como fecha para iniciar la vida comunitaria de nuestra comunidad el día del cumpleaños de la difunta sor Faustina. (…) Así que ya estábamos en Myslibórz, en la pequeña casa de San José – la cuna de nuestra vida religiosa. Llegamos hasta aquí gracias a unas extrañas coincidencias, y, a decir verdad, gracias a la voluntad del Señor, el día del cumpleaños de sor Faustina. No sabemos expresar nuestra felicidad y, aunque todo está organizado provisionalmente, desbordamos de alegría. Al principio ocupamos sólo dos habitaciones en la parte de arriba, pero después nos trasladamos a la planta baja, para organizarlo todo mejor, según las posibilidades que había para adaptarlo a la vida conventual. (…) Aquí, en esta casa pequeñita, el Rey Misericordioso está en Su casa. ¡Seas alabado Jesús Misericordioso!”



Sor Faustina y sor Benigna – las primeras madres de la nueva congregación


Tras muchos empeño y esfuerzos (era la época de los gobiernos comunistas) el 25 de agosto de 1947, sor Faustina y sor Benigna empezaron la vida comunitaria en la parroquia de Myślibórz (Polonia), en los locales cedidos por el padre Edmundo Nowicki, el administrador apostólico de Gorzów Wielkopolski. Las hermanas comunicaron este hecho al p. Miguel Sopoćko quien, al ser llamado por el arzobispo Jalbrzykowski, había regresado a Polonia junto con el último transporte de los desplazados de Lituania, y ya se encontraba en Białystok.

El padre Sopoćko trabajó y desempeñó el servicio pastoral en Białystok hasta el final de su vida (unos 30 años). Durante todo ese tiempo mantuvo un contacto asiduo con las hermanas de Myślibórz, velando sobre el desarrollo espiritual y material de la nueva congregación.



Fragmentos de la carta del padre Sopoćko del 12 de noviembre de 1947, dirigida a la naciente congregación de las hermanas de Myslibórz:

“Jesús, en Ti confío!
Estimadas señoras y reverendas hermanas
(...) Hace tres años vosotras profesasteis vuestros votos en la capilla de las Carmelitas de Vilna, que la difunta sor Faustina vio en espíritu y describió con todo detalle. La ceremonia de los votos se celebró como si estuviéramos en las catacumbas: cruzasteis las calles a escondidas, a oscuras, con el inminente peligro de ser detenidas, hasta con cierta incertidumbre durante la Misa, temiendo que alguien no deseado lo viera, denunciara o traicionara.
(...) Quisiera que cada una de vosotras llegué a ser santa, no sólo siguiendo un patrón único, sino, según vuestras virtudes innatas y disposiciones adquiridas, y por medio de las gracias Divinas, que El Salvador Misericordioso os ofrece generosamente de acuerdo con las necesidades de vuestras almas... Por eso rezo en cada Santa Misa por cada una de vosotras, por separado, por las que conozco y por las que aún no conozco, y por todas juntas, como las esposas del Salvador Misericordioso, confidentes del misterio de su Misericordia y trabajadoras de su viña.
(...) Rezo, pues vosotras sois los primeros ladrillos en los fundamentos del edificio que ha de ser levantado por Voluntad de Dios, para satisfacer las necesidades actuales de la Iglesia, de ahora y del futuro. Y como en toda construcción, de la calidad de sus fundamentos depende la resistencia del edificio, del mismo modo de vuestra madurez espiritual y unión con el Salvador Misericordioso, de vuestro sacrificio y abnegación, de vuestra sensatez y sencillez, y, sobre todo, de vuestra confianza en la Divina Misericordia y empeño en la difusión de su culto, dependerá el desarrollo de la futura Congregación de las Siervas del Salvador Misericordioso”.




También el jesuita, p. Józef Andrasz, que fue el confesor de sor Faustina en Cracovia, durante varios años permaneció en contacto con la nueva congregación ofreciendo sus consejos y apoyo espiritual.

Fragmentos de las cartas del jesuita, padre Józef Andrasz a las Hermanas de la nueva congregación religiosa de Myślibórz:

Cracovia, a 7 de enero de 1948 (el reverso de la tarjeta postal)
“Queridas Hermanas, sé que os alegra todo lo que está relacionado con el desarrollo del culto a la Divina Misericordia. Esta postal enviada desde América es una expresión de ello. Ya se han alegrado con eso las Hermanas de Łagiewniki, ahora que se alegren también sus Hermanas menores de Myślibórz, y que recen con todo su corazón por el Padre, quien les manda sus mejores deseos para el Año 1948, con mi bendición sacerdotal”.



Cracovia, a 8 de octubre de 1948
“Sé que estáis vivamente interesadas por todo lo que está relacionado con la Divina Misericordia, y con la que había sido llamada por la bondad de Jesús para realizar esa tarea. Pienso que el padre Sopoćko no les escatima información. Se alegran los corazones en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, cuando miran la imagen de una de sus Hermanas en el volante que adjunto, donde se presenta como “candidata” a la beatificación; sin embargo, creo que la alegría de las Siervas de la Divina Misericordia será igual de grande por tener la evidencia, en forma de ese volante, en el que las autoridades eclesiásticas ya dan permiso a los fieles para rezar por la beatificación de la Persona que para Vosotras es alguien mucho más importante que para otras muchas Hermanas, pues es como si fuera vuestra Fundadora y prácticamente vuestra madre espiritual.

Su amigo, Padre J. Andrasz, SJ”.



Zakopane, a 29 de diciembre de 1950
“Querida Sor Benigna,
No te equivocas al escribir que vuestra causa es para mí importante y cercana. Ya Jesús Misericordioso se dignó servirse de mí, en una parte de sus inicios – mucha luz quiso conceder a través de mis palabras, a la que consideráis vuestra Fundadora espiritual…

Su amigo, Padre J. Andrasz, SJ”.



La Comunidad de las Hermanas que inició su formación religiosa y conventual bajo el nombre de las Siervas de la Divina Misericordia el 2 de agosto de 1955, fue legalmente aceptada y aprobada canónicamente según la ley diocesana bajo el nombre de la Congregación de las Hermanas de Jesucristo Misericordioso Redentor. En aquella época no fue posible mantener el nombre inicial a causa de las disputas teológicas acerca de la nuevas formas de culto de la Divina Misericordia.
(véase El padre Sopocko – Biografía).

El 21 de agosto de 1955, en la Congregación se celebraron los votos perpetuos de las primeras hermanas. Los recibió el padre Zygmunt Szelazek en presencia del padre Miguel Sopoćko. Con motivo de la ceremonia, el padre Józef Andrasz, envió a las hermanas felicitaciones y fragmentos del “Diario” de santa sor Faustina sobre la nueva congregación. Hasta entonces ninguna de las hermanas conocía su contenido, porque el “Diario” lo tenían guardado las hermanas de la Magdalena en Cracovia.



El 6 de agosto de 1955, las Hermanas se pusieron los hábitos religiosos blancos,
que después, a instancias de la Curia, fueron cambiados por hábitos negros.


Fragmento de la carta del padre Józef Andrasz SJ, Rabka, a 8 de Agosto de 1955:

”Querida Sor Benigna …creo que esta carta llegará a tiempo, antes de la fiesta de la Asunción. Con motivo de esta fiesta quiero felicitar a ambas hermanas: Sor Benigna y Sor Faustina, a las que Jesús Misericordioso ha permitido profesar los votos perpetuos y cuyo sacrificio total de entrega al espíritu de esta congregación ha de permitir que la Divina Misericordia se desborde y abunde en este mundo de hoy: malo, ciego e infeliz.
Queridas hermanas, os encomendar é a la Virgen en el día de su triunfo, para que Ella como la Virgen Prudente y la Sede de Sabiduría os conceda mucha, mucha luz, ya que vosotras, queridas Hermanas habéis de dar forma a esta Congregación. Con vosotras empiezan vuestras tradiciones, vuestro fervor interno e impulso externo. Que en ese día tan hermoso, el cielo no escatime sonrisas en vuestras vidas, las sonrisas que alegran el corazón, y las gracias poderosas que han de construir un edificio enorme.
Al Venerable Padre Wantuchowski, a quien la Providencia ben évolamente ha relacionado con la Obra de la Misericordia, y quien, de tan de buena gana, se entrega a servir a vuestra Congregación, mando “plurimam salutem in SS Corde Jesu”. Quizás “la caballería pesada” como yo, algún día viaje a los alrededores de Szczecin y Myślibórz – aunque las predicciones de Sor Faustina no mencionan nada al respecto de eso – entonces, por supuesto, haré una nueva visita a la Casa de la Misericordia y a sus habitantes, así como a su noble párroco quien se mostró muy amable y me había visitado en Cracovia. Tengo mucho trabajo: entre mis quehaceres, está la continuación de la Vida de la amada Sor Faustina. Os mando a las dos, queridas hermanas, mis más cordiales saludos y os deseo abundancia de gracias Divinas para el día de los votos, y mi bendición sacerdotal.

Vuestro Amigo, Padre J ózef Andrasz, SJ”.




Las palabras de Jesucristo que se encuentran en el “Diario” de sor Faustina definen la espiritualidad y el propósito de la nueva comunidad religiosa.

“... vi al Señor Jesús de una belleza inexpresable. Me dijo que exige que esa Congregación sea fundada lo antes posible, y tú vivirás en ella con tus compañeras. Mi Espíritu será la regla de vuestra vida. Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y la harás conocer esta a todo el mundo. A través de la oración intermediarás entre la tierra y el cielo” (Diario, 438).

“Tu intención y la de tus compañeras es unirse a Mí, lo más estrechamente posible a través del amor, reconciliarás la tierra con el cielo, mitigarás la justa cólera de Dios e impetrarás la misericordia por el mundo. Confío a tu cuidado dos perlas preciosas para Mi Corazón, que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos; por ellas rogarás de manera especial, la fuerza de ellas vendrá de tu anonadamiento” (Diario, 531).

 


La primera visita del padre Miguel Sopoćko en Myślibórz, descrita en el “Diario” de la Congregación.

“Era el año 1947. En la estación de trenes en Myślibórz se paró el tren jadeando. Del tren salieron unas personas; entre ellas se pudo observar una figura algo inclinada, la del sacerdote de 59 años, vestido con una sotana ligeramente descolorida. Tras las gafas se veía el brillo de sus ojos azules que miraban con curiosidad. Con su mirada profunda abrazó a las conocidas hermanas que le esperaban. Después de intercambiar los primeros saludos, preguntó: ¿Hay una pequeña iglesia cerca del convento de las hermanas? “– Sí, padre” – respondieron sorprendidas. ¿Hay una vidriera de colores en esta iglesia? ” “– Sí, Padre. ¿Cómo lo sabe? ” “– Llévenme allí inmediatamente”. El Padre Profesor caminaba deprisa, sin mirar a los transeúntes ni tampoco las calles por donde pasaba. Entró por la puerta al jardín de árboles frutales, después a la iglesia y allí, pasó mucho tiempo en el templo contemplando los escritos de la Hermana a la que consideraba santa. Dobló las rodillas y rezó, conmovido... miraba la ventana con la vidriera un poco deteriorada, de la que le había hablado Sor Faustina. Todo coincidía – la vidriera presentaba la escena de la crucifixión y, bajo la cruz, vio los rosales trepando hacía arriba”.

La vidriera en la Iglesia de Santa Cruz en Myślibórz.
Actualmente el Santuario de la Divina Misericordia.


Padre Sopoćko “Memorias” 1948:

“Casi todo lo que sor Faustina había predicho acerca de la congregación, se estaba cumpliendo con todo detalle. Cuando en Vilna, la noche del 16 de noviembre de 1944, las seis primeras candidatas recibieron los votos privados o, cuando 3 años más tarde, vine a la primera casa de esa congregación en Myślibórz, en aquella ocasión, me quedé asombrado de lo mucho que se parecía todo a lo que me había dicho la difunta sor Faustina (...) Me fijé que en la nave del altar había una ventana con una vidriera un poco deteriorada, presentando la agonía de Jesús en la cruz. La miraba gozoso y estupefacto, ya que sor Faustina me había hablado justamente de una iglesia y de una vidriera así”.



La iglesia de la Santa Cruz, en Myślibórz, con la vidriera en el altar principal, fue construida en 1905
(el año de nacimiento de sor Faustina) por obreros polacos: era la única iglesia católica en la región,
que por aquel entonces pertenecía a Alemania.


El 1 de agosto de 1993, las reliquias de la beata sor Faustina fueron traídas al convento de Myślibórz, durante una ceremonia solemne, por el arzobispo Marian Przykucki. Ese día, mediante un decreto, la iglesia y el convento fueron ascendidos al rango de Santuario de la Divina Misericordia.

Fragmento del decreto del Arzobispo:

“La iglesia y el convento mencionados en la visión profética de la beata sor Faustina, y descritos en el “Diario” parecen ser el lugar indicado por la Providencia para un culto especial a la misericordia Divina y como apoyo para la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso (…) Que en ese lugar se adore la Divina Misericordia hasta el final de los tiempos, que ese lugar elegido por sor Faustina goce del apoyo de su intercesión, que nuestros fieles experimenten aquí especialmente la misericordia y se aseguren la prosperidad en la tierra y la vida eterna”.

+ Marian Przykucki, arzobispo Metropolita Szczecińsko-Kamieński



El Santuario de la Divina Misericordia – Casa de Espiritualidad
Casa Madre de la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso
en Myślibórz (Polonia)



La nueva casa de la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso con la Capilla de Jesús
– Rey de la Misericordia (El edificio totalmente equipado fue regalado por el matrimonio:
Anna y Roman Kluska, en 2003 para ser la casa de formación conventual de las hermanas.)


“Vi el convento de esta nueva Congregación.
Una casa amplia y espaciosa, visité cada cuarto, uno tras otro;
vi que la providencia Divina había provisto cada lugar
de todo lo necesario” (Diario, 1154).


En 1973, la Congregación recibió un nombre nuevo, más corto, el de las Hermanas de Jesús Misericordioso. Actualmente la Congregación realizan el carisma indicado por su fundador, el padre Sopoćko, en varias decenas de casas conventuales en Polonia y en otros países. La característica principal de la espiritualidad de la Congregación es la contemplación de Dios en Su misericordia, la confianza sin límites y la imitación de Jesús realizando obras de misericordia, sobre todo para con aquellos que más los necesitan. Junto con una multitud de devotos seculares de la Divina Misericordia, difunden el culto de Jesús Misericordioso, y lo hacen con su oración y servicio desinteresado al prójimo; asimismo, imploran incesantemente la Divina Misericordia para el mundo, y especialmente la gracia de la Divina Misericordia para los agonizantes, así como la gracia de la bendición Divina para los sacerdotes y religiosos.

Con su actividad apostólica, las Hermanas responden a las necesidades actuales de la Iglesia. Llevan, entre otros, hospicios, casas de protección de la vida concebida; organizan y predican retiros espirituales y catequizan.
Cada día, en la oración: JESÚS, EN TI CONFÍO, a la Divina Misericordia, encomiendan las obras apostólicas y el testimonio de su vida. Los votos religiosos son para ellas la entrega total a Dios, donde no cuentan ya con sus fuerzas sino con la omnipotencia de la Divina Misericordia.

La fórmula de los votos:

”Te imploro, oh Dios Misericordioso, acepta esta ofrenda de mi corazón – completa y absoluta – hasta el anonadamiento de mi misma en el amor y en Tu santo servicio”.


La oración de acción de gracias al finalizar la ceremonia de los votos perpetuos
de las Hermanas de Jesús Misericordioso, Myślibórz, 4 de agosto 2013.



“Su mente [padre Sopoćko] está unida estrechamente a Mi mente;
así que, quédate tranquila por Mi obra,
no le permitiré equivocarse y tú no hagas nada sin su permiso” (Diario, 1408).


La Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso formada en obediencia a la Iglesia y de acuerdo a su misión evangélica, el 13 de mayo de 2008, fue aprobada como Instituto religioso, según el derecho pontificio. (Véase la copia del decreto)

 

 

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