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“Cuando recen este rosario junto a los moribundos,
Me pondré entre el Padre y el alma agonizante
no como el Juez justo sino como
el Salvador misericordioso” (Diario, 1541).

 

EL ROSARIO A LA DIVINA MISERICORDIA


La casa de Congregación de la Madre de Dios de Misericordia
en el que en los años 1933-1936 estuvo Santa Faustina.
En esta casa Jesús le dictó a ella el rosario a la Divina Misericordia. Vilna (Vilnius), Lituania, ul. Grybo 29


Vilna, Lituania “Viernes 13 de septiembre de 1935.
Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios. Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies, de la nube salían rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y alcanzaban la tierra.
Al ver esta señal de la ira Divina que iba a castigar la tierra y especialmente cierto lugar que no puedo nombrar pormotivos justos, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia. Pero mi súplica era nada comparada con la ira de Dios.
(...) En aquel mismo instante sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que mora en mi alma; al darme cuenta de esta gracia, en el mismo momento fui llevada al trono de Dios.
(...) Me puse a rogar a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de mí.
Cuando así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por los pecados. Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces. Las palabras con las cuales suplicaba a Dios son las siguientes: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero. Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros. A la mañana siguiente, cuando entré en nuestra capilla, oí esta voz interior: Cuantas veces entres en la capilla, reza en seguida esta oración que te enseñé ayer.
Cuando recé esta plegaria, oí en el alma estas palabras: Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo siguiente: primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave María y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave María, dirás las siguientes palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero” (Diario, 474-476).


“Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen este rosario (…) Anota estas palabras, hija Mía, habla al mundo de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos” (Diario, 848).


“Reza incesantemente este rosario que te he enseñado. Quienquiera que lo rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se lo recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza esta rosario una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita” (Diario, 687).

 

LA PROMESA DE GRACIA
DE MISERICORDIA PARA LOS AGONIZANTES


“A quienes recen este rosario, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, que no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima (...) Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen este rosario junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso” (Diario, 1541).


“Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece este rosario a la hora de la muerte, o cuando los demás la recen jungo al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando delante de un agonizante otros rezan junto este rosario, se aplaca la ira Divina y la inmensa misericordia envuelve al alma” (Diario, 811).


Para rezarla, con las cuentas del rosario. “Al comienzo:
Padre nuestro,que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

En las cuentas grandes (1 x): Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre,
el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero.
En las cuentas pequeñas (10 x): Por Su dolorosa pasión,
ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Al finalizar (3 x): Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,
ten piedad de nosotros y del mundo entero” (Diario, 476).


El Señor Jesús dijo a Santa sor Faustina:
“Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en mi misericordia que tanto deseo para las almas. Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que más necesitan la confianza, quienes la tienen muy poca” (Dario, 1777).


“Hija Mía, ayúdame a salvar a un pecador agonizante; reza por él este rosario que te he enseñado. Al empezar a rezar el rosario, vi a aquel moribundo entre terribles tormentos y luchas. El Ángel Custodio lo defendía, pero era como impotente ante la gran miseria de aquella alma (...) Mientras rezaba el rosario, vi a Jesús tal y como está pintado en la imagen. Los rayos que salieron del Corazón de Jesús envolvieron al enfermo y las fuerzas de las tinieblas huyeron de pánico. El enfermo expiró sereno” (Diario, 1565).


“La unión con los agonizantes. Me piden oraciones; puedo rezar, el Señor me ha dado misteriosamente el espíritu de la plegaria, estoy continuamente unida a Él. Siento plenamente que vivo por las almas, para llevarlas a Tu misericordia, oh Señor; para tal fin ningún sacrificio es demasiado pequeño” (Diario, 971).


“Me relaciono a menudo con almas agonizantes impetrando para ellas la misericordia de Dios. Oh, qué grande es la bondad de Dios, más grande de lo que nosotros podemos comprender. Hay momentos y misterios de la Divina Misericordia de los cuales se asombran los cielos. Que callen nuestros juicios sobre las almas, porque la Divina Misericordia es admirable con ellas” (Diario, 1684).


“La Divina Misericordia alcanza al pecador a veces en el último momento, de modo particular y misterioso. Por fuera parece como si todo estuviera perdido, pero no es así; el alma iluminada por un rayo de la fuerte y última gracia Divina, se dirige a Dios en el último momento con tanta fuerza de amor que en ese último momento obtiene de Dios el perdón de las culpas y de las penas, sin darnos, por fuera, alguna señal de arrepentimiento o de contrición, porque ya no reacciona a las cosas exteriores.
Oh, qué insondable es la Divina Misericordia. Y, ¡qué horror! también hay  para almas que rechazan voluntaria y conscientemente esta gracia y la desprecian. Aún en la agonía misma, Dios misericordioso da al alma un momento de lucidez interior y, si el alma quiere, tiene la posibilidad de volver a Dios. Pero, a veces, en las almas hay una dureza tan grande que conscientemente eligen el infierno; frustran todas las oraciones que otras almas elevan a Dios por ellas e incluso los mismos esfuerzos de Dios...” (Diario, 1698).


“Oh, cuánto deberíamos rezar por los agonizantes; aprovechemos la misericordia mientras es el tiempo de compasión” (Diario, 1035).


“¡Oh vida gris y monótona, cuántos tesoros encierras! Ninguna hora se parece a la otra, pues la tristeza y la monotonía desaparecen cuando miro todo con los ojos de la fe. La gracia que hay para mí en esta hora no se repetirá en la hora siguiente. Me será dada en la hora siguiente, pero no será ya la misma. El tiempo pasa y no vuelve nunca. Lo que contiene en sí, no cambiará jamás; lo sella con un sello para la eternidad” (Diario, 62).


“El Señor me hizo saber cuánto desea que el alma se distinga en el amor activo y vi en mi interior qué grande es el número de almas que nos piden gritando: dadnos a Dios; y ardió en mí la sangre apostólica. No la escatimaré sino que daré hasta la última gota por las almas inmortales; aunque, quizá, Dios no lo pida físicamente, espiritualmente esto es posible para mí, y no menos meritorio” (Diario, 1249).


“Deseo atravesar el mundo entero y hablar a las almas de la gran misericordia de Dios.
OH SACERDOTES, AYÚDADME EN ESTO...” (Diario, 491).


“Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones de aquellos a los que hablen” (Diario, 1521).


“Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde homenaje y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia” (Diario, 206).


“Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable. Harás conocer ésta a todo el mundo. A través de la oración intermediarás - entre la tierra y el cielo” (Diario, 438).


“PREPARARÁS AL MUNDO PARA MI ÚLTIMA VENIDA” (Diario, 429).

“Mi reino en la tierra es Mi vida
- en las almas de los hombres” (Diario, 1784).


Santa Faustina: “Al sumergirme en la oración y unirme a todas las Misas que en ese momento se estaban celebrando en el mundo entero, rogué a Dios, a través de todas esas Santas Misas, la misericordia para el mundo y especialmente para los pobres pecadores que en ese momento estaban en agonía. Y en aquel momento dentro de mí recibí la respuesta de Dios de que mil almas habían recibido la gracia a través de la oración que yo había elevado a Dios. No sabemos el número de almas que podemos salvar con nuestras oraciones y nuestro sacrificio, por eso oremos siempre por los pecadores” (Diario, 1783).


“Mi unión con las almas agonizantes sigue siendo como antes, estrecha. A menudo acompaño al alma agonizante a gran distancia, pero experimento la mayor alegría al ver que sobre esas almas se realiza la promesa de la misericordia. El Señor es fiel, lo que dice una vez, lo cumple” (Diario, 935).


DON DE ORACIÓN


Uniéndonos espiritualmente con Santa Faustina queremos animar a los adoradores
de la Divina Misericordia a la oración individual o a participar en

LA CONTINUA ORACIÓN DEL ROSARIO A LA DIVINA MISERICORDIA
- para conseguir la misericordia para los agonizantes.

“Toda persona que cada día quiera unirse a la oración de la comunidad de Apóstoles de Jesús Misericordioso existente junto a la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso puede ser un donador de oración. Confiamos en que así cumplamos el ruego de Jesús y que contribuyamos a que los agonizantes de nuestras familias y del mundo entero reciban la gracia de  la salvación con confianza.

La declaración debe ser enviada a la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso por correo regular o por correo electrónico, indicando sus datos personales ( nombre, apellidos, dirección postal), informando sobre las fechas y la hora de la oración.

CONGREGACIÓN DE LAS HERMANAS DE JESÚS MISERICORDIOSO
66-400 Gorzów Wlkp., ul. Ks. Kard. Wyszynskiego 169, Polonia
e-mail: sopocko@faustyna.eu


“Escríbelo para muchas de las almas, que a veces se afligen por no tener bienes materiales, para que se practique con ellos la misericordia. Sin embargo, el mayor mérito lo tiene la misericordia espiritual que no necesita ni autorización ni granero siendo accesible a cualquier alma. Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio” (Diario, 1317).



INDULGENCIA PLENARIA
POR LA ORACIÓN DEL ROSARIO A LA DIVINA MISERICORDIA

Acto de la Penitenciaria Apostólica del 12 de enero de 2002.
Se otorga  indulgencia plenaria bajo las condiciones usuales (es decir, con el Sacramento
de la Penitencia y de la Comunión Eucarística y con  la oración por las intenciones del Santo Padre) a cada fiel en el territorio de Polonia, que, con el alma totalmente libre de todo acatamiento a al pecado, rece con devoción el Rosario a la Divina Misericordia en una iglesia o capilla ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o guardado en un tabernáculo. Si esos fieles por razón de enfermedad (u otra razón justa) no pueden o pudieran salir de casa, pero aún así rezan o rezaran el Rosario a la Divina Misericordia con  la confianza y el deseo de misericordia para ellos mismos y la disposición a hacerla a los demás, también bajo las condiciones usuales, recibirían la indulgencia plenaria de acuerdo con las reglas para “los que encuentran obstáculos” incluidas en las normas 24 y 25 de la Lista de indulgencias (Enchiridii Indulgentiarum). En otras circunstancias la indulgencia sería parcial. Esta disposición tendrá una validez perpetua o para siempre, sin atender  a cualquier orden opuesta.

 

 

MÁS ADELANTE >> Los frutos de la oración. Las oraciones de Santa Faustina

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